
Los primeros meses del año 2022 estuvieron signados por la agudización de la crisis de
legitimidad del Estado paraguayo a raíz de la incapacidad de fundamentar sus acciones en el
principio del servicio y del interés general de la población. Por el contrario, al histórico
patrimonialismo del partido de gobierno que trata los asuntos y recursos públicos como propios,
se suma a su anatomía la indisimulada beligerancia del narcotráfico y su método de resolución de
conflictos, el sicariato.
A pesar del Estado-sicario, en lo que va del año se observa también una importante voluntad de
poder hacer y cambiar de las comunidades campesinas e indígenas que han definido pasar a la
ofensiva y a la conquista de sus derechos, reacción no calculada por parte de los que se creen
dueños del Paraguay y que habilita el campo de las posibilidades y alternativas que definirán las
relaciones de fuerza política en el corto y mediano plazo.
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