“A la ANR-Partido Colorado se le perdieron 30 años”

Ginebra, 17 de marzo de 2022.

Por Heñói.

La fría y lujosa Ginebra, en Suiza, es el escenario donde vienen desarrollándose desde el lunes 14 de marzo las reuniones de negociaciones preparatorias para la Conferencia de las Partes COP15 de las Naciones Unidas, sobre el Convenio de Diversidad Biológica, que tendrá lugar en China en pocas semanas.

El Convenio nació en 1992 después de la memorable Cumbre de la Tierra de Río, con la firma de 150 países, y está orientado a reconocer que la diversidad biológica se trata de más que plantas, animales y microorganismos y sus ecosistemas: se trata de las personas y nuestra necesidad de seguridad alimentaria, medicinas, aire fresco. y agua, vivienda y un ambiente limpio y saludable en el cual vivir.

La próxima COP debe decidir cómo haremos para transformar la relación entre la sociedad y la biodiversidad, de manera que la vida humana siga siendo posible sobre el planeta. En los 30 años transcurridos desde la cumbre de Río, las condiciones se han ido deteriorando dramáticamente y la sobrevivencia de la especie humana está en serio riesgo.

Sin embargo, y a pesar de que Paraguay suscribió el convenio en 1993 (Ley 253/93), las autoridades siguen sin enterarse de la gravedad de las amenazas que se ciernen sobre la humanidad y todos los seres vivos, como consecuencia del modo de producción y consumo capitalista y el consecuente cambio climático.

La delegada del Estado paraguayo en Ginebra es Renata Cristaldo, hija de Héctor Cristaldo, presidente del principal gremio sojero-ganadero, la UGP, y de Rosa Oviedo, investigadora de la facultad de agronomía de la UNA y del Conacyt, ambos fervientes promotores de los agronegocios y la biotecnología en Paraguay. La joven no ha aportado nada significativo a los debates que buscan soluciones a los enormes desafíos a los que se enfrenta la humanidad, pero si ha sostenido con vehemencia dos intervenciones que algunos participantes han calificado como parte de la “agenda sojero-ganadera”.

Durante los debates acerca de cómo incluir la exigencia de sostenibilidad en todas las áreas de los emprendimientos agrícolas y forestales (Meta 10), Paraguay opinó que esa exigencia no es realista, y que el texto debe responder a las circunstancias de cada país, mientras que Paraguay defiende su derecho al desarrollo.

El mentado desarrollo en Paraguay implica la destrucción total de la naturaleza y el avasallamiento absoluto de los derechos humanos básicos de la población, sobre todo los de los pueblos indígenas y de los sectores más pobres de la sociedad, en clara actitud de apartheid racial y social.

Igualmente, durante los debates sobre la necesidad de proteger especialmente los territorios con bosques primarios, ecosistemas intactos y “salvajes” (Meta 1), el argumento de la delegada paraguaya fue el mismo: eso no es realista. Cabe aclarar que lo realista para el Gobierno del Paraguay es lo que le conviene al poderoso, al rey y a su corte. Esos son los parámetros ideológicos con los que funciona este país feudal, retrasado en el embudo de la evolución social y cultural de la humanidad.

Nos preguntamos, ¿Dónde se debaten estas posturas del Estado paraguayo, con quienes se discute? La información, la transparencia y la participación de la sociedad en estos temas son prácticamente inexistentes.

En una poco casual coincidencia con Brasil, esta posición defiende en realidad el derecho a deforestar sin límites, y destruir la biodiversidad sin límites. Esto es especialmente grave cuando los agronegocios se expanden con velocidad en nuestro Chaco, en donde están las últimas áreas conservadas que le quedan al país, y que sigue albergando a pueblos indígenas, cuyos derechos están contemplados en la Constitución Nacional. En el Chaco ya se cruzaron todos los umbrales de cambio aceptable, cualquier avance de la deforestación o destrucción de la biodiversidad apunta a la desertificación irreversible, con la consecuente extinción de la biodiversidad y la perdida de hábitats para los pueblos indígenas, especialmente de aquellos que viven en aislamiento voluntario, los últimos que restan en América fuera de la cuenca amazónica.

En síntesis: tras 30 años desde la histórica cumbre de la tierra, el partido colorado sigue sin enterarse en dónde estamos, y abraza con avidez los cantos de sirena de los gremios autodenominados “de la producción”, que proponen más deforestación y monocultivos acelerando la carrera hacia el abismo, y sin olvidar exigirnos que les subsidiemos sus operaciones extractivas. La conciencia social y el recambio político constituyen la única alternativa para poder imaginar un futuro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *