Uno de los aspectos más graves de la dependencia productiva nacional es la extrema dependencia semillera. Tanto el agronegocio como la producción de alimentos, ya sea por parte de pequeños productores campesinos e indígenas, como la que llevan adelante medianos y grandes empresarios, se desarrollan con gran dependencia de semillas patentadas, extranjeras.
Es que la lógica de consecución de renta no incorpora la idea de autonomía como un valor productivo.
Son 85 las empresas que importaron semillas durante el año 2017.

Solamente 18 empresas se dedicaron a la importación de semillas de alimentos, a saber:

Este grupo de empresas dista claramente del que se dedica a proveer al sector ganadero, vendiéndole semillas de pasturas. Las únicas empresas que tienen una participación relevante en ambos mercados son Rural Makro Import-Export SA, y Nutrivet SA.

Estos actores distan mucho de los volúmenes y tipo de empresas que controlan el negocio de las semillas “del agronegocio”, es decir, semillas de soja y maíz genéticamente modificadas. Son en total 42 las personas jurídicas que han importado legalmente semillas de este tipo. Las tres primeras, con membretes transnacionales, fueron responsables del ingreso del 45% de lo importado; si tomamos las 5 primeras, éstas controlan el 60% de ese mercado, a saber:

La agricultura tradicional del Paraguay cuenta con una amplia variedad de cultivares de excelente productividad y calidad alimentaria. Es un desacierto político colosal el hecho de que no se promueva la producción de estas semillas, pues se cuenta con el material genético adecuado y con el conocimiento exhaustivo de la población rural sobre las mismas. Pero, no solo se identifica el desatino político al respecto, sino que podemos hablar de un sabotaje a la agrobiodiversidad criolla y nativa como parte de la política agroproductiva del régimen neoliberal que aqueja al país.
La falta de un sistema de producción de semillas para la soberanía alimentaria y productiva en el país es prueba de ello, pero también se verifica la falta de incentivos a la conservación de la diversidad de cultivares y variedades y ni hablar de la nula dedicación a la investigación y mejoramiento del material tradicional.
En síntesis: el agronegocio no solamente lucra con la importación y venta de semillas, sino que además atenta directamente con las posibilidades futuras de recuperar soberanía. Cualquier plan, programa o política pública que considere la defensa de los intereses de paraguayos/as, deberá incluir el freno a este despilfarro, y a quienes se benefician con él.
Material libre para su difusión citando la fuente.
Foto portada: Inés Franceschelli
Un comentario en «Agronegocios en Paraguay: 3. El vareá es nuestro, las semillas son ajenas»
Totalmente de acuerdo y a las ordenes, en lo que podamos ayudar.