En América Latina, la agricultura con uso de agroquímicos (fertilizantes y agrotóxicos) se exacerbó con los estímulos a la siembra directa de monocultivos que encarara el gobierno de los Estados Unidos, en el contexto de la promoción de la llamada Revolución Verde, a través del programa “Alianza para el Progreso”, cuyo texto oficial establecía como objetivo general: “mejorar la vida de todos los habitantes del continente”, aunque, el objetivo traduciría mejor en “mejorar los ingresos de las empresas gringas vendiendo coercitivamente productos tóxicos e innecesarios a los productores agrícolas del mundo”.
Este cambio tecnológico paradigmático produjo en pocos años un importante incremento de la productividad del trigo, el maíz y el arroz; sin embargo, inició la desaparición de conocimientos y prácticas productivas que habían permitido, durante más de 10.000 años, la evolución de la especie humana tal como la conocemos.
Los problemas del uso de químicos en los monocultivos son diversos. Citamos:
- Las variedades de cereales que se desarrollaron a partir de la “revolución verde” cuentan con proteínas de baja calidad y alto contenido de hidratos de carbono. Estos cultivos de cereales de alto rendimiento, ampliamente extendidos y predominantes en la actualidad en todo el mundo, presentan deficiencias en aminoácidos esenciales y un contenido desequilibrado de vitaminas, minerales y otros factores de calidad nutricional.
- Más adelante, con el desarrollo de lo que conocemos como biotecnología, estos cereales fueron remplazados por Organismos Genéticamente Modificados – OGMs, más conocidos como transgénicos. La gran mayoría de los cambios genéticos producidos en algunas especies, especialmente el maíz y la soja, están orientados para hacer las plantas resistentes a los venenos. Cada vez más resistentes a cada vez más y peores venenos. Así la humanidad se ve expuesta a la ingestión de comidas industrializadas que poco tienen que ver con alimentos y mucho con las enfermedades que hoy crecen exponencialmente.
- El vertido de grandes cantidades de plaguicidas en enormes plantaciones tiene un impacto directo en la contaminación de suelo, agua y aire, con altos costos para la población de esos territorios, tanto humana como de otras especies.
En resumen, la agricultura química, hasta hoy pregonada como “progreso”, poco ha ofrecido para mejorar las condiciones de vida de la humanidad. Por el contrario, a pesar de causar tantos y tan graves daños, es un negocio creciente en el que se concretan las más grandes operaciones industriales y comerciales de la globalización.
Paraguay es la meca del uso descontrolado de sustancias. Ya en la década de los 80 del siglo pasado algunos poderosos ofrecían nuestro territorio como cementerio de sustancias tóxicas obsoletas. A inicios del S XX la FAO había contabilizado alrededor de 5.000 toneladas de químicos obsoletos en malas condiciones de disposición.
Son 94 las empresas que importan agrotóxicos; las 12 primeras manejan el 77% del volumen importado.



Confirmando la condición de territorio privilegiado para sustancias “sucias”, más del 60% de los agrotóxicos importados por Paraguay fueron fabricados en China. Es en ese país donde se replican formulados con patentes europeas y norteamericanas, con poco apego a normas globales.
Es interesante descubrir que 133 tn de las ingresadas desde China, figuran como fabricadas en Paraguay. Otro dato interesante es que, de las casi 1400 tn importadas desde Uruguay, la mayor parte fue fabricada en otros países como China, Argentina, Francia o Estados Unidos. Uruguay figura así como un escalón importante en la redistribución de sustancias en el cono sur.

Si bien la normativa vigente limita el ingreso de agrotóxicos al Puerto de Villeta[1], los datos oficiales muestran que estas sustancias ingresan por 10 puestos aduaneros en total; dos de ellos son estaciones aéreas (Aeropuerto Silvio Pettirossi y aeropuerto Guaraní en Ciudad del este); los ocho restantes son puntos de tránsito terrestre, incluyendo los puertos privados Paksa, Puerto Seguro y Terport. Apenas el 36% de las sustancias ingresadas respetan la disposición de hacerlo por el puerto de Villeta.
[1] El Decreto 10250 del año 2007, considera que “manifiesta la necesidad de minimizar los riesgos en materia de salud pública y medio ambiental, que pudieran ocasionar el manejo y manipuleo de los productos agroquímicos”, y dispone Artículo 1º.- Habilitase el Puerto de Villeta como único punto de ingreso fluvial de los productos agroquímicos de la Partida Arancelaria 3808 de la Nomenclatura Común del MERCOSUR, que serán despachadas por la Administración de Aduana de dicho Puerto.

El comercio de agrotóxicos es un pilar fundamental en el proceso productivo de las mercancías del agronegocio. Este modelo no puede producir exitosamente sin el sustento tóxico proveído por estas substancias importadas. Y la dependencia de ellas, inherente al modelo, tiene el potencial de arruinar la agricultura tradicional y soberana de los pueblos del mundo y que los mantuviera autónomos y productivos por cientos de generaciones. Si se abordara la producción agrícola en términos de la necesidad real de producto, la conclusión se inclinaría hacia el abandono de prácticas dependientes de estos costosos compuestos. No se hace así solo por el hecho de que es un negocio que genera cientos de miles de millones de dólares y, cada gota o gramo que se sigue aplicando a los cultivos de mundo, agudiza la dependencia de los países y el sometimiento de los pueblos a las variables financieras que motivan la producción y el comercio de esas substancias tóxicas.
En síntesis: usamos cada vez más agrotóxicos para mejor entregar nuestra riqueza. Cualquier plan, programa o política pública que considere la defensa de los intereses de paraguayos/as, deberá incluir el freno a este despilfarro, y a quienes se benefician con él.
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Foto portada: Fanpage Global Forest Coalition
Un comentario en «Agronegocios en Paraguay: 2. El negocio más tóxico: plaguicidas»
El problema es tan grave porque los pseudopoliticos se filtraron en todos los estamentos del Estado,con todo lo que ello conlleva corrupción,malversación,ineficiencia tráfico de influencias etc .Es decir los que tendrían que controlar no tienen ni ética,ni moral ni amor a la patria y lo único que buscan es lograr beneficios personales. Loastécnicos se forman como le conviene a la industria sin educación verdaderamente critica.el ciudadano común no tiene la infinformacion nesesaria y también fue educado por el sistema accrítico .La única forma de hacer tambalear a esa maquinaria diabólica es no colaborando con ellos y tratar de que nuestros seres allegados hagan lo mismo