Juventudes en movimiento: liderazgo, acción colectiva y conflicto político en la movilización de la Generación Z en Paraguay (2025)

Benicia Chávez y Omar T. Yampey, Centro de Estudios Heñói

En septiembre de 2025, Paraguay fue escenario de un episodio inédito de movilización juvenil: la protesta convocada por la denominada Generación Z, articulada casi exclusivamente desde TikTok y replicada en grupos de mensajería instantánea. Frente a la manifestación, la reacción estatal fue desproporcionada, con un despliegue de 3.000 agentes policiales, controles territoriales, vigilancia digital, criminalización preventiva y represión.

Este contraste entre una protesta y una respuesta estatal de gran escala reveló tensiones profundas sobre la relación entre juventud, Estado y democracia en Paraguay. Más que un episodio aislado, la movilización expuso un proceso más amplio de emergencia de liderazgos juveniles en un contexto marcado por desigualdad, precariedad y desconfianza institucional.

El objetivo de estas reflexiones es analizar la protesta de la Generación Z como un caso paradigmático de acción colectiva juvenil y situarla dentro de las dinámicas más amplias de organización, liderazgo y movilización de las juventudes paraguayas. Para ello, se examinan las condiciones estructurales que enmarcan la vida juvenil, los repertorios digitales y culturales desplegados en la protesta, la reacción estatal y la disputa narrativa que se configuró alrededor del conflicto.

Contexto político y social (2023–2025)

Entre 2023 y 2025, el Gobierno de Santiago Peña enfrentó crecientes cuestionamientos por prácticas de corrupción, nepotismo y manejo discrecional de recursos públicos. Diversos episodios —incluyendo desalojos violentos, tensiones con comunidades campesinas e indígenas y denuncias por uso indebido de influencias— contribuyeron a un clima de malestar social y erosión de la legitimidad estatal.

La juventud urbana experimentó con particular intensidad los efectos de este deterioro institucional: precariedad laboral, dificultades para acceder a educación superior, servicios públicos colapsados y sensación de ausencia de futuro. Estas condiciones alimentaron una creciente distancia respecto al sistema político y estimularon nuevas formas de crítica, organización y acción colectiva.

La convocatoria a la movilización de la Generación Z se inscribe en este ambiente de frustración y desencanto, pero también de creatividad política y búsqueda de alternativas.

Juventud y liderazgo en Paraguay: desigualdades, barreras y emergencia de actores colectivos

Comprender la movilización de 2025 requiere mirar más allá del episodio concreto y situarla en un proceso más amplio: el surgimiento de liderazgos juveniles en un país marcado por profundas desigualdades estructurales.

Juventudes diversas en contextos desiguales

Ser joven en Paraguay implica experiencias heterogéneas, determinadas por el territorio, la clase social, la etnia y el género. Mientras jóvenes urbanos acceden relativamente a mejores servicios y oportunidades, las juventudes indígenas, campesinas y rurales viven condiciones marcadas por la precariedad estructural: escuelas deterioradas, falta de docentes, escasez de materiales y trayectos largos que dificultan la continuidad educativa.

Estas brechas educativas se traducen en desigualdades laborales: empleos informales sin seguridad social, trabajo precario o directamente desempleo. Aunque cabe destacar que el acceso a un nivel educacional más alto no garantiza el trabajo, ya que en el rubro informal hay muchos jóvenes profesionales que no encuentran espacios laborales en los que ocuparse. Más de 300.000 jóvenes se encuentran fuera del sistema educativo y laboral, una cifra que expresa exclusión más que apatía.

Las desigualdades de género profundizan aún más estas brechas: las jóvenes mujeres están más expuestas a violencia, acoso, trabajo de cuidado no y discriminación laboral.

Participación política en un sistema adultocéntrico

Aunque las juventudes son frecuentemente invocadas en discursos oficiales como “el futuro”, sus voces rara vez tienen incidencia real en decisiones públicas. El adultocentrismo, tanto institucional como cultural, constituye una de las principales barreras para la participación juvenil efectiva. Los espacios de decisión política permanecen concentrados en élites adultas, y las demandas juveniles suelen ser desestimadas o tratadas con condescendencia.

Liderazgos emergentes: creatividad, resistencia y acción colectiva

Pese a estas limitaciones, el liderazgo juvenil en Paraguay está en expansión. Es un liderazgo horizontal, comunitario, dialogante y orientado al bien común. Lejos de reproducir estructuras jerárquicas, se construye desde la empatía, la corresponsabilidad y la acción colectiva cotidiana.

Como una pequeña muestra, el Jotopa de Jóvenes, realizado en mayo de 2025 con la participación de más de sesenta jóvenes —indígenas, campesinos, urbanos, secundarios y universitarios—, constituye un ejemplo de esta vitalidad organizativa. Allí se debatieron críticamente problemáticas estructurales (educación, tierra, crisis climática, precariedad laboral) y se propusieron rutas de acción basadas en organización comunitaria, incidencia política y solidaridad intersectorial.

Redefinir la política

Una contribución central de estas juventudes es la ampliación del concepto de “política” tal como se la entiende en el escenario político paraguayo. Para ellas, la política no se limita a lo electoral, sino que incluye la defensa del ambiente, el reclamo por la tierra, la crítica al autoritarismo, la lucha por educación inclusiva, la denuncia de violencia estatal y la organización territorial. Esta visión, que combina ética pública y acción comunitaria, dialoga directamente con los repertorios digitales observados en la movilización de la Generación Z.

Una fuerza en movimiento

El liderazgo juvenil paraguayo no es una promesa futura: ya está actuando. A pesar del Estado y de los límites estructurales que enfrenta: escasa inversión pública en juventudes, falta de políticas integrales, ausencia de formación política y exclusión sistemática, la experiencia demuestra que las juventudes organizadas van creando y recreando espacios de politización.La movilización de la Generación Z: convocatoria, repertorios y organización

La protesta del 28 de septiembre se gestó en TikTok y migró a WhatsApp y Telegram. Su organización fue horizontal, sin líderes visibles, y se presentó como “100% autoconvocada”. El Manifiesto Gen Z Paraguay sintetizaba demandas de transparencia, fin de la impunidad, respeto a derechos humanos y reforma institucional.

Los repertorios combinaban activismo digital, símbolos culturales globales y estética juvenil: música contemporánea, memes, códigos de internet y referencias a la cultura pop. Este estilo descolocó a actores políticos tradicionales acostumbrados a lógicas jerárquicas y vocerías formales.

Aunque la expectativa virtual sugería una convocatoria masiva, la asistencia presencial fue limitada debido al miedo a la represión, campañas de desinformación y estigmatización.

La respuesta estatal: vigilancia, control territorial y represión

El Estado respondió con un enfoque represivo:

  1. Vigilancia digital: infiltración de grupos privados de WhatsApp y Telegram por parte del Departamento de Cibercrimen, con extracción de conversaciones sin orden judicial.
  2. Control territorial: despliegue de 3.000 policías, controles, cateos y bloqueos al acceso al centro de Asunción.
  3. Represión: atropellos, golpes, detenciones arbitrarias y presentación de objetos irrelevantes —como cordones de zapatillas o una banana— como supuesta evidencia.

La Fiscalía liberó a las 31 personas detenidas por falta absoluta de indicios de delito.

Disputa discursiva: sentidos en pugna

Narrativa estatal:

Negación de la represión, acusaciones de infiltración política, justificación de la vigilancia y minimización de la protesta.

Narrativa juvenil:

Denuncia de abuso de poder, criminalización y violencia estatal; reivindicación del carácter democrático y pacífico de la movilización.

Narrativa mediática:

Críticas al exceso policial, interpretación de la protesta como un quiebre generacional y lectura del Gobierno como temeroso ante una juventud organizada y autónoma.

Impacto político y significación histórica

Pese a su escala, la protesta produjo efectos relevantes:

  • Erosionó la narrativa gubernamental y provocó una crisis de imagen estatal.
  • Consolidó la legitimidad del liderazgo juvenil como actor político emergente.
  • Abrió un conflicto explícito entre juventudes urbanas y Gobierno.
  • Visibilizó prácticas estatales de vigilancia y represión incompatibles con estándares democráticos.
  • Reforzó redes juveniles digitales que podrían incidir en futuros escenarios políticos.

Reflexiones transitorias

La movilización de la Generación Z constituye un punto de inflexión en la política paraguaya reciente. Más allá de su convocatoria limitada, reveló la emergencia de juventudes que, pese a desigualdades persistentes, redefinen la acción política, articulan repertorios digitales, construyen liderazgos horizontales y exigen una democracia más profunda y transparente.

A la vez, la manifestación expuso la fragilidad institucional del Estado, su tendencia a la represión del disenso y su incapacidad para dialogar con actores juveniles.

La interrogante central es si estas juventudes lograrán consolidar un liderazgo de alcance nacional o si la conflictividad generacional se profundizará ante la falta de respuestas estatales. 

Mientras tanto, el liderazgo juvenil en Paraguay está en movimiento. No está consolidado del todo, pero está vivo, creciendo, con miras a fortalecerse. Es una fuerza que nace en la adversidad, pero se sostiene en la esperanza, en el desafío, en lo necesario, en lo urgente, en la organización. Pero necesita ser reconocido, acompañado y valorado. Lo cierto es que las juventudes paraguayas ya no son el futuro: son el presente que disputa, interpela y transforma.

 

Fuentes

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