El nombre no es poca cosa. Detrás de una palabra hay un universo de significación que se proyecta colectivamente. Cualquier nombre que propongamos al lector producirá en su mente imágenes, ideas y emociones, más o menos intensas, más o menos positivas o negativas, según la experiencia de quien escucha ese nombre.Y las personas sabemos que, aunque algunos nos llamen por apelativos cariñosos, es detrás de nuestro nombre desde donde queremosque se nos conozca y reconozca socialmente.
En el mundo de las empresas es más o menos igual. Una marca es el nombre de un producto o servicio, desde donde la empresa se posiciona ante la “sociedad” del mercado. Como sucede con los nombres de las personas, detrás de una marca hay un cúmulo de información que se proyecta colectivamente. La mención de cada marca produce en la mente de las personas ideas y emociones diferentes, de acuerdo a la experiencia que cada quien tiene con ese nombre.
Todas las empresas del mundo hacen grandes esfuerzos por “construir una buena imagen de marca”; “posicionar la marca”, objetivos que podrían traducirse de la siguiente manera: si 100 gr. de maíz cuestan en la finca de quien lo produce no más de Gs. 150. ¿Por qué un ama de casa paga Gs. 20.000 por ese mismo maíz cocinado, endulzado, y puesto en una caja? Porque las empresas que industrializan cereales han logrado convencer a las amas de casa de que ese maíz inflado y endulzado es más nutritivo, saludable, inocuo y “confiable” que el maíz que cada familia pueda procesar. Entonces “Kellogs” dejó de ser ñande avatí para ser zucaritas. Es una marca que tiene abiertas las puertas (y las bocas víctimas) de todas las familias que se sientan seguras comiendo el maíz más caro del mundo, que además es transgénico.

En el ámbito de los negocios existen gerentes de marca, estrategias de marca; en nuestro país hay hasta un premio que se otorgan los empresarios entre sí, llamado “Top of Mind”, que recompensa a aquellas empresas que han logrado que su marca esté fresca y bien calificada en la cabeza de las personas.
Sin embargo, uno de los grupos empresariales más grandes del mundo acaba de anunciar la desaparición de una marca de 117 años de antigüedad: Monsanto. Tras un año de negociaciones, Bayer compró Monsanto por 66.000 millones de dólares, y la marca Monsanto deja de existir; ya no cotizará en bolsa; sus accionistas están recibiendo 128 dólares estadounidenses por cada acción, por medio de la banca J.P. Morgan, que ayuda a Bayer a procesar el pago[1].
La Comisión Europea en mayo 2018, y el Departamento de Justicia de Estados Unidos un mes después, pusieron condiciones para aprobar el negocio: la empresa Bayer debería desprenderse de activos por valor de 9.000 millones de dólares en el negocio agroquímico, que cede a la alemana BASF; concretamente venderán la división de semillas y los herbicidas Liberty; el naciente negocio de la gestión digital de las tierras de cultivo, y otros proyectos en marcha en el ámbito de la investigación, algunas patentes y el desarrollo de nuevos productos[2].
Bayer es alemana, con sede en Leverkusen; fue fundada el 1 de agosto de 1863. En 2015 fue identificada por The Financial Times como la tercera empresa química con mayor volumen de ventas a nivel global (50,1 miles de millones de dólares)[3], mientras que la Revista Fortune la ubica en el puesto número 7 en el ranking de industrias globales en 2017[4].
La desaparición del nombre de Monsanto no es una sorpresa; “hace algunos años Monsanto pensó en cambiar de nombre pero finalmente renunció por cuestiones de costo”[5]. Fundada en Saint Louis, Missouri, Estados Unidos, en 1901, el nombre Monsanto se convirtió en sinónimo de amenaza para la vida, debido principalmente a su condición de líder en biotecnología, esto es, en el desarrollo de cultivos genéticamente modificados, y sus “paquetes tecnológicos” (venenos) asociados, lo que le valiera el apodo de “Frankenstein de la agricultura”. Millones de activistas en el mundo se manifestaron durante la última década en contra de esta tecnología y del creciente control que la empresa ejercía sobre gobiernos y mercados para imponerla.
Aunque te vistas de seda…
Sin embargo, la desaparición del nombre no cambia en nada la vigencia de un modelo productivo controlado por un puñado de empresas. Al contrario, los 23.100 millones de Euros que se estiman será el volumen anual de negocios de la nueva Bayer, la colocan muy por encima de su siguiente competidora, la nueva ChemChina – Syngenta con un volumen anual de 14.800 millones de Euros. Tras ellas quedan “las divisiones agrícolas de DuPont y Dow Chemical, también en proceso de integración, que registraron el pasado ejercicio ingresos conjuntos de 14.600 millones. En el cuarto lugar en la industria, muy rezagada, estaría la alemana BASF, con una facturación anual de 5.800 millones. Casi el 85% del mercado quedará así en manos de estos conglomerados. Y esta misma semana las canadienses Potash y Agrium anunciaron la fusión de sus negocios de fertilizantes”[6].
Monsanto opera en Paraguay desde 1998, cuando el MAG le autorizó el primer ensayo regulado de la Soja RR1 (Roundup Ready), que en 2004 logró ser el primer evento transgénico liberado comercialmente en Paraguay. En diciembre de 1999 se constituyó mediante Escritura la firma Monsanto Paraguay S.A. Tiene sus oficinas centrales en el Barrio las Mercedes de Asunción; una estación de breeding (recepción y acondicionamiento de semillas híbridas a ser ensayadas en el país) en Santa Rita, en el predio de Dekalpar; oficinas de logística en Minga Guazu y oficinas comerciales en el Barrio Bella Vista de Asunción.
En 2016 Monsanto ocupó el segundo lugar en el ranking de importadores de agrotóxicos con 5.289.014 kilos netos ingresados al país, y un total de 35.729.250 dólares FOB declarados. También es la segunda empresa en cuanto a volumen de semillas transgénicas importadas en 2017, detrás de la holandesa Nidera, con un total de 3.309.773 kilos netos. Monsanto es propietaria de las patentes de 12 de los 23 eventos de modificación genética liberados comercialmente en el país[7].

Por su parte, Bayer comenzó sus actividades en Paraguay en 1936, con la comercialización de Aspirina y productos químicos. Desde 1951 estuvo representada por la empresa local Cofarma, hasta que en 1997 se constituyó como Bayer S.A., integrando la Región Cono Sur del Grupo Bayer. Las actividades de la empresa en Paraguay están diversificadas en los mercados de consumo masivo, farmacéutico, diagnóstico médico, agrícola y sanidad animal.
En el año 2016 Bayer aparece 26º en el ranking de importadores del país, con un monto de 52.793.356 dólares FOB, incluyendo todas sus líneas de productos. En el rubro agrotóxicos figura en el 10º lugar, con un volumen de 1.601.802 kilos netos ingresados. Es además la sexta empresa importadora de semillas transgénicas, con 1.122.706 kilos netos en 2017.
“En el año 2017, Monsanto importó unos US$ 18,2 millones en pesticidas, herbicidas, fungicidas y otros agroquímicos, lo cual correspondió al 5,5% de la importación de aquellos productos. Bayer, por su lado, importó los mismos por un valor de US$ 40,9 millones, que equivale a aproximadamente 12,4% de la importación total. En lo que va del 2018, la importación de agroquímicos por ambas empresas fue de un valor de US$ 77 millones, lo que significa que un quinto de la importación total corresponde a Bayer y Monsanto”[8].
Está claro que ambos grupos empresariales son actores con altas responsabilidades en la condición de enclave extractivo del Paraguay. La incidencia de ambos grupos en la academia[9] y en los gremios de la producción[10], los convierte en brazo duro en la conducción del país, subordinado a sus intereses. En cualquier caso, las operaciones conjuntas de estos dos grupos empresariales constituirán una fuerza poderosa en el contexto del control oligopólico del negocio que ejercen las empresas transnacionales sobre el Estado Nacional, y en ese sentido la fusión, lleve el nombre que lleve, es un problema de doble tamaño para la vigencia de la soberanía, la equidad y los derechos humanos en el Paraguay.
Monsanto se ha despegado de su nombre, para conservar toda su esencia, acaparadora, peligrosa, destructiva. Bayer se ha cargado encima una cruz de plomo. Los pueblos, a enfrentarlos.
Material libre para su difusión citando la fuente.
Foto portada: Fanpage Ñamoseke Monsanto
[1] https://media.bayer.com/baynews/baynews.nsf/id/Bayer-closes-Monsanto-acquisition
[2] https://elpais.com/economia/2018/06/04/actualidad/1528093556_668876.html
[3] https://es.statista.com/estadisticas/600781/ranking-de-las-10-empresas-quimicas-mas-importantes-del-mundo–por-ingresos/
[4] http://fortune.com/worlds-most-admired-companies/bayer/
[5] http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2018/06/04/en-compra-historica-bayer-suprimira-la-marca-monsanto-9608.html
[6] https://elpais.com/economia/2016/09/15/actualidad/1473968740_384389.html
[7] Listado de eventos de modificación genética liberados comercialmente en el país. Dirección de bioseguridad agrícola, SENAVE. Disponible en: www.senave.gov.py
[8] http://www.5dias.com.py/finaliza-compra-de-monsanto/
[9] Las dos empresas invierten, por medio de convenios vigentes, en la Universidad San Carlos que, a través de sus carreras de agronomía y administración agraria, y la maestría en agronegocios, es el semillero que provee de profesionales munidos de anteojeras a las empresas locales de los agronegocios y a los propios entes públicos, como el MAG y el SENAVE.
[10] Bayer está asociado a la Asociación de Productores de Semillas del Paraguay (APROSEMP), a su vez miembro de la Unión de Gremios de la Producción – UGP, gremio de notable influencia en la política nacional.