
Por Omar T. Yampey – Heñói
En medio del diálogo sobre los impactos socioambientales que generan las plantaciones de monocultivos de eucaliptos en los medios de vida de las comunidades apareció la anécdota de: “de un conejo para comer y 35 personas, a la abundancia productiva y natural”. La misma hacía referencia a los dolorosos pero heroicos 6 meses que pasaron sin comer campesinos y campesinas para dar origen y conformar en el año 1994 el Asentamiento Achita ubicada a unos pocos kilómetros de la Forestal Apepu, distrito de Santaní, departamento de San Pedro.
A un año de la publicación del estudio sobre las actividades de inversión del Fondo Arbaro en los monocultivos de árboles en Paraguay, el equipo Heñói realizó la devolución del mismo en el territorio. En la fecha 24 de junio recorrimos lo que un poblador llamó “el silencio sepulcral de los eucaliptos” haciendo referencia a las más de 6.000 hectáreas de monocultivos controladas por la Forestal Apepu en la zona.




En el año 2021 la Forestal Apepu continúa su proceso de expansión a partir de la compra de las Estancias Ybycai y Campo Ara, que anteriormente pertenecían a la empresa Sociedad de Inversión Agropecuaria del Paraguay S.A. Con la anexión de ambas estancias al negocio forestal la empresa controlará 9.148 hectáreas y destinará a la producción de eucalipto unas 6.059 hectáreas.





En el mismo año los pobladores/as del Asentamiento Julián Portillo denunciaron que la Empresa Apepu había privatizado el camino de acceso a su comunidad y el conflicto que esto trajo consigo. Uno de los pobladores se refería al cartel de la siguiente manera “ellos -haciendo referencia a la empresa Apepu- tantean eso, si uno respeta y es flojo te van a cerrar todo. Y ahí ya quedamos como parte de su propiedad”.
En la visita del 24 de junio de 2022 el cartel que privaba de acceso a los pobladores/as ya no se encontraba en el lugar. No pudimos constatar si fue una victoria del campesinado, la denuncia del estudio o ambas cosas combinadas. Lo concreto es que el monocultivo de eucalipto sigue creciendo en la zona.


“Todo el mundo es eucalipto acá”
“La plantación de eucalipto controla a toda la Colonia”
Expresiones de dos acompañantes cuando avanzábamos por el camino de la Colonia Defensores del Chaco fracción calle 10.000 en las inmediaciones de la Forestal Apepu.
Esta territorialización asfixiante se verifica más allá de las fronteras de influencia de la Forestal Apepu. A pocos kilómetros del lugar se encuentra el Asentamiento Sebastián Larrosa de una extensión en superficie de 213 hectáreas, lindantes con 200 hectáreas de monocultivo de eucaliptos que según los pobladores/as del Asentamiento son propiedad de un inversor brasilero llamado René.
El monocultivo y la monocultura son muy evidentes en el contraste que divide una calle de la otra. Las 200 hectáreas del Asentamiento Sebastián Larrosa conforman un espacio de trabajo organizado por hombres y mujeres y por la historia misma. En una palabra, es un aporte a la civilización. En ese sentido, desde el año 1996 han resistido a 9 intentos de desalojos. El primero, el fundamental, dado que los pobladores/as lo recuerdan como un mito fundante que marca hasta el presente al asentamiento. En el proceso de la primera ocupación relatan que todos los hombres fueron detenidos y privados de su libertad “pensaron que al apresar a los hombres se iba acabar la lucha, pero las mujeres continuaron las luchas” (…) “En la cárcel, cuando se estuvo un mes, las compañeras se quedaron a resistir, ellas mantuvieron la carpa. Durante un mes en la lucha por la tierra, cada día ellas mantuvieron. Se hizo la comunidad, ellas hacían el trabajo y mantuvieron. Al salir de la cárcel, los hombres se sumaron a los trabajos de las compañeras. Y como resultado, fue la conquista del Asentamiento Sebastián Larrosa”.


Sebastián Larrosa es la continuación de la vida de un joven dirigente estudiantil organizado en la ACADEI que en el año 1994, en un cierre de rutas en el marco de una manifestación de protesta por los precios del algodón, su cuerpo fue abatido por agentes de la policía nacional. Eso que causó dolor y conmoción en aquel tiempo hoy se ha resignificado como una comunidad campesina en movimiento. Por su naturaleza y origen en la lucha comunitaria por el acceso a la tierra y a los derechos, son parte de la historia de Sebastián Larrosa el trabajo social y colectivo y la pedagogía campesina para salir adelante. Porque si “abrimos la historia” como decía un poblador del asentamiento, “Sebastián Larrosa tiene su historia muy importante. Los niños confrontaron al atropello aquella vez. Se prepararon ellos, se enteraron de que el desalojo iba a venir, ya no se iban a la Escuela porque sabían que si el desalojo venía iban a perder hasta sus escuelas, por eso se empezaron a organizar los niños para defender el tekohá. Qué iba pasar con los niños en el desalojo, con los niños en las calles. En todo el proceso de debate y asambleas ellos escuchaban estos temas”.
Parte central de la historia de Sebastián Larrosa es la organización: “Cuando llegamos recién al asentamiento no teníamos nada, animales, vacas, kuré, gallinas. Ahora logramos producir todo. La gente tiene sus animales, tiene para la leche, queso, todo ya tiene la gente. Hicimos una evaluación del asentamiento. La Federación Nacional Campesina (FNC) nos acompaña en el camino para que no abandonemos las tierras. Revisamos eso para darnos cuenta del valor. Por ejemplo, animales, producción, vacas, y si no valorizas, la gente te dice que se va ir a trabajar a otro lugar sin darse cuenta. Por eso hacemos eso, para valorizar. Imaginate que antes algunos no tenían casa, ahora ya tienen casas lindas, con agua, luz, casas de material, todo eso con las organización campesina”.
En esto último, Sebastián Larrosa se parece mucho al Asentamiento Achita. En Achita, a renglón seguido de la anécdota fundante del conejo y los 35, un viejo-joven poblador, con toda la sabiduría que le otorgan los años en la tierra reflexionó sobre cómo de la nada se construye la vida y la importancia de la tierra para que existan la escuela, las calles, la luz, la producción; y cómo la lucha, la organización y el trabajo son la principal caja de herramientas ante la ausencia del Estado y forjadores de un destino.
El historiador francés -orgulloso de su origen campesino- Fernand Braudel decía que la civilización es todo lo que el ser humano ya no podrá olvidar. Sin embargo, la tendencia creciente de la expansión del monocultivo en los territorios campesinos evidencia lo que con mucha claridad lo habían señalado en diálogos en el marco del estudio los pobladores/as de las comunidades de Republicano, Julián Portillo y Kururu´o, que el modelo extractivo, primero de producción de soja y ganado, y en el presente de eucalipto, se cierne sobre el desplazamiento y la expulsión de comunidades enteras.

Esta evidencia se complementa con una reflexión de la periodista argentina Soledad Barruti, que el día 8 de julio estuvo en Paraguay en el marco del Feria de Semilla Nativas y Criollas Heñói Jey Paraguay. La misma identificó como víctimas de este modelo de ataque a los animales, a los medios naturales, a los campos, a los cuerpos, a los territorios y a la desaparición de las personas. En otras palabras, las alrededor de 6.000 hectáreas de eucalipto de la Empresa Apepu son comunidades y poblaciones que ya no están, que han desaparecido.
Esto nos conduce a pensar que la desaparición de las anécdotas identitarias, del trabajo colectivo, de la reflexión, la organización y la lucha por la tierra y por la vida, de las sonrisas y del sombrero pirí son exactamente proporcionales al avance del monocultivo de eucaliptos para hacer rentable el negocio agroforestal. En una palabra, es un avance contra la civilización.

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Fotos: Omar T. Yampey – Heñói
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