No son bosques: un modelo antiecológico de negocio forestal se cierne sobre el Paraguay.

El caso de la Forestal Apepu y Forestal San Pedro

Como en otros países de América del Sur, las plantaciones forestales han crecido de forma considerable en Paraguay durante las últimas décadas[1]. Esto ha tenido impactos sobre la biodiversidad, el ciclo del agua,nutrientes y el suelo, así como sobre la salud y el bienestar de las comunidades, que han sido ampliamente documentados. Las plantaciones de monocultivos de árboles se consideran “rentables y sostenibles”, pero son claramente perjudiciales para los ecosistemas, ya que reducen la diversidad a una sola especie. Por el contrario, los bosques nativos son sistemas complejos autoregenerativos que abarcan una multiplicidad de elementos biodiversos.

Las dos inversiones del Fondo Arbaro en Paraguay son la empresa Forestal Apepu y la Forestal San Pedro, y sus planes de expansión fueron aprobados por el comité de inversiones de Arbaro en diciembre de 2020. Arbaro es propietario de Forestal Apepu desde 2019 y la empresa dedicará una superficie de 6.059 hectáreas apara las plantaciones de eucalipto en áreas previamente utilizadas para la ganadería y la agricultura comercial en el Departamento de San Pedro, que tiene entre los mayores índices de deforestación de la región Oriental y presenta el mayor índice de pobreza y pobreza extrema a nivel nacional (43,7% y 10%, respectivamente). En 2021, Arbaro establece la Forestal San Pedro, que maneja 6.270 hectáreas de plantaciones de eucalipto, con planes para establecer otras 1.730 hectáreas en tierras arrendadas, principalmente en el Departamento de San Pedro.

  1. ¿Agronegocio o comunidad?

La primera impresión que despierta el transitar las comunidades es que el agronegocio se ha territorializado a tal punto que las referencias de los pobladores y pobladoras se expresan según las estancias ubicadas en la zona. Se observa que el proceso ha sido acelerado, y luego de décadas de plantación de maíz o soja transgénicos, en los últimos años el monocultivo que ha invadido la zona es el eucalipto.

Este proceso de territorialización del agronegocio tiene su correlato en la desterritorialización de las comunidades campesinas, que señalan “esta zona, 12.000, hace 40 años que se habilitó, todo era la comunidad, estaban todas las casas, después compraron la estancia y plantaron soja, envenenaban desde el avión a la comunidad. Se atajó porque envenenaba y mataba todo a los animales, enfermaba a los niños, a las mujeres, después se atajó la plantación de soja. Antes había casas acá, y para plantar la soja se envenenaron los pozos de agua, se destruyeron todo y se contaminaron todo y ahora hay plantaciones de eucalipto”.

2. El silencio sepulcral del monocultivo de eucalipto

En algún pasaje de la calle 12.000, entre la Estancia Ybycai de la Forestal Apepu y el Proyecto de Reforestación de la Korean Forestry Promotion Institute, decidimos parar el motor del vehículo para contemplar la ausencia total de sonido ambiente. Ese momento fue descrito por un poblador como “silencio total acá en la plantación de eucaliptos. No hay nada, ni pájaros no bajan… silencio, no se halla nada acá, (tejú kuéra, mboi kuéra ndoúi, ni inambú) no baja ni puede volar acá, si es silencio total. Ni un bichito no hay. En otros lados, donde están nuestros árboles nativos, vuelan los pajaritos, se alegran; sin embargo, acá no, silencio total”.

  1. Entre la resistencia y la asimilación

Esta es una finca campesina de 20 hectáreas ubicada en la Comunidad Republicano. Lxs propietarixs poseen título de propiedad, sin embargo, utilizan solo 9 hectáreas. Sobre el resto hay una disputa con la Estancia Apepu, quien demanda como suya 13 hectáreas. A raíz de esto se ha generado tensiones e incluso la familia tuvo que recurrir a la FNC para que acompañe el proceso de negociación y defensa de la propiedad. La paradoja, es que plantan eucalipto en parte de la finca como una forma de “tener ingresos”. De fondo se observa la plantación de eucalipto de la Estancia Apepu.

  1. Ante la ausencia del estado, una territorialidad asfixiante

El proceso de asimilación al negocio forestal no es un acto de voluntad de las familias campesinas, en varias de las entrevistas se replicó la situación compleja por la que atraviesan en su calidad de vida, una pobladora señalaba lo siguiente “mucha gente pasa por eso, no hay asistencia por parte del estado, ivai la porte en la producción y la gente se termina yendo. Las empresas grandes te rodean, quedan a tu alrededor, y si plantas mandioca ya no sirve, y ahí vienen y te dicen que te van a comprar, te van acorralando. Y con plata le hacen correr al campesinado. Otro método es que te alquilan un tiempo, después tu tierra ya no sirve y ahí te compran. Si ellos todo es mecanizado, y eso destruye todo, usan todo el alimento del suelo. La soja consume todo el alimento del suelo, y ahora plantan eucalipto”.

Y un joven productor agregaba “hace tiempo que las plantaciones de soja ya abrazaban acá, desde el inicio que eso afectaba a la comunidad. Y ahora entro el eucalipto, y ellos dicen que eso va dar provecho, pero al contrario acá no hay ni un beneficiado, nada de beneficio para los pobres ni para la comunidad. Dicen que van a hacer crecer a la comunidad, pero solo es perjuicio”.

  1. Advertencia: la propiedad privada que priva de propiedad

La territorialización del negocio forestal acapara tierras, medios naturales, y hasta comunidades enteras. El camino de acceso a la comunidad Julián Portillo se encuentra privatizada por la empresa Apepu. A raíz de esto se ha generado malestar y conflictos con pobladores/as de la comunidad, como relata un operario de la estancia Apepu “y la calle y todo ahí ya quieren privatizar, ya pusieron un cartel ahí. Y la gente le sacó y tiró todo. Y no les gusto eso. Hasta la velocidad para andar quieren regular. Hace cinco meses que hicieron eso. Ellos tantean eso, si uno respeta y es flojo te van a cerrar todo. Y ahí ya quedamos como parte de su propiedad”.

  1. La continuidad de la lucha por la tierra por otros medios

La Forestal San Pedro, a diferencia de la Forestal Apepu, son tierras arrendadas dispersas por el departamento de San Pedro, Canindeyú, que además proyecta abarcar los departamentos de Caaguazú y Concepción. Algunas de las estancias arrendadas se encuentran en la Colonia Barbero Kue, territorio históricamente en disputa. Una pobladora sintetiza como a pesar de ello los empresarios avanzan en el control territorial y refiriéndose a una de las plantaciones refiere “Acá lo que no hay título. Ésta estancia no tiene título ni dueño tampoco. Ocupa dos mil quinientas hectáreas. Este es el famoso tierra de Italia, que donaron al Paraguay. La tierra de Barbero, pero no tiene título. Y la comunidad tampoco tiene título. Los de barbero estamos nomas acá, no podemos decir que es nuestro, porque no tenemos los documentos que prueben que nos pertenece. Estamos mal acá. Y lo mucho que somos. Además, es más de diecisiete mil hectáreas en Barbero que no tienen títulos. Están los que están guerreando por el título”.

 

Para leer el estudio completo acceder aquí: Estudio Arbaro

[1] En Paraguay, según datos del Instituto Forestal Nacional (INFONA)4, las plantaciones forestales son de 193.852 hectáreas de superficie a nivel nacional. Las mismas se concentran mayoritariamente en los departamentos de San Pedro, con 34.245 hectáreas, que representa el 17.8%; Caazapá, con 34.212, que representa el 17.6%; e Itapúa, con 22.266, que representa el 11.4% del total. En estos territorios confluyen las ecorregiones del Bosque Atlántico del Alto Paraná y el Chaco Húmedo.

 

Fotos: Omar Yampey – Heñói

Material libre para su difusión citando la fuente.

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