El agrotóxico nuestro de cada día. Capítulo 2.

Heñói. 12 de agosto de 2021

Son 234 los científicos de 66 países diferentes que vienen trabajando desde hace tres años en la elaboración del último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático – IPCC. Publicaron su dictamen el 9 de agosto, y lo que dicen es contundente: el calentamiento global está causado por las actividades humanas y su impacto en nuestras vidas ya es irreversible.

Las actividades humanas que producen emisiones de gases de efecto invernadero son principalmente la quema de combustibles fósiles, y la agricultura y ganadería a gran escala, debido a la deforestación que las precede, y al envenenamiento y destrucción de suelo que producen. Es decir, la causa del cambio climático tiene entre sus principales responsables los monocultivos de soja, arroz o eucalipto, así como la ganadería, que nos vienen imponiendo las corporaciones y los “dueños” de la tierra en Paraguay.

El ministro de agricultura y ganadería, ingeniero Santiago Bertoni, contradice a estos 234 científicos. Hace un año, cuando aún no era ministro, Bertoni hizo declaraciones públicas al reporte que se había hecho desde Estocolmo ante la gravedad de la deforestación en Paraguay, afirmando que nuestro país es un ejemplo de sostenibilidad productiva, “nuestra ley forestal obliga a los productores a preservar el 25% de las áreas boscosas lo que, sumado a los corredores biológicos, cortinas de viento y demás, suman casi 40% de área boscosa preservada”[1]. Al día siguiente de estas declaraciones fue nombrado ministro.

Quienes patrocinaron su nombramiento son aquellos dueños de la tierra, y operan en estrecha alianza con políticos que en todos los estamentos públicos les dan soporte. Ellos, juntos, niegan ser responsables de la catástrofe ambiental y climática que causan. Mientras el mundo se incendia, se inunda o se reseca, nuestras “autoridades” mendigan vacunas y miran para otro lado, y los gremios autodenominados “de la producción” avanzan deforestando, envenenando, obligando al país entero a subsidiarlos y a envenenarse.

Esa es la triste condición del pueblo paraguayo: la dependencia económica y política, a cambio de destinar la mayor parte de las mejores tierras nacionales para la producción de materias primas a ser consumidas en los países del norte. Y de paso, como “daño colateral” el completo envenenamiento de nuestros suelos, agua, aire y gente.

El costo de nuestras adicciones

El año 2020 fue excepcionalmente malo; todo el comercio transfronterizo se vio afectado por la pandemia. Aún así, los volúmenes de químicos contaminantes que ingresaron al país apenas disminuyeron.

Ellos, los “dueños”, afirman que sus “inversiones tecnológicas”, es decir, sus cultivos transgénicos, permiten usar cada vez menos agrotóxicos. Sin embargo, como puede verse, en los últimos 10 años aumentó 387% la importación de herbicidas; 193% la importación de insecticidas, y los fungicidas y otros biocidas se importan 10 veces más.

Las 10 sustancias agrotóxicas con mayor volumen de importación son herbicidas y fungicidas. Solo esas 10 suman más de 37 millones de kilos de tóxicos, y un costo de 194 millones de dólares de dependencia. El costo total de los venenos de los que depende “nuestra economía”, según los “dueños” de la tierra, alcanza más de 430 millones de dólares.

Sin embargo, el problema tiene un capítulo más trágico aún: la dependencia de fertilizantes. Usan tanta basura en sus monocultivos, que el suelo ya está muerto, y necesitan millones de kilos de fertilizantes químicos para poder hacer crecer sus cultivos inventados en laboratorios.

Durante el 2020, importaron la friolera de 1.276.125.532 millones de kilos de fertilizantes, a un costo de casi 1.150 millones de dólares. Monto equivalente al 72% de los 1.600 millones en préstamos autorizados por la ley de emergencia por la pandemia del Covid 19 en marzo del 2020, o a todo el presupuesto del Ministerio de Educación y Ciencias del 2020.

Los dueños del Paraguay y sus ordenanzas, que fungen de ministros en el Estado, hacen oídos sordos y miran para otro lado, sobre el rumbo suicida de este modelo de producción, advertido por científicos y organizaciones sociales de todo el mundo, cada vez con mayor fuerza y espanto. Sus dólares no los salvarán del apocalipsis social y ambiental que están desatando, que golpeará sin distinción en el norte, sur, este y oeste de este hermoso y maltratado planeta.

[1] Declaraciones publicadas en ABC Color el 30 de agosto de 2020. Disponibles en: https://www.abc.com.py/nacionales/2020/08/30/viceministro-cuestiona-un-informe-sobre-deforestacion/?jwsource=cl#. Consultado por última vez el 12 de agosto de 2021.

 

Foto de portada: captura de pantalla del sitio: https://cutt.ly/FQVfhkC

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