HOY MARCHAMOS

Por Heñói

10 de diciembre de 2020

Se va acabando el año 2020, uno de los más duros y difíciles para los pueblos del mundo desde que se registra la historia, y un año de retrocesos en casi todos los ámbitos para el pueblo paraguayo. Esto sin olvidar que la crisis social y económica no fue generada por la pandemia, solo profundizada en diferentes ámbitos.

En Paraguay, la crisis pandémica dejó a millones de trabajadores informales sin ingresos; a miles de pequeñas y medianas empresas endeudadas o quebradas; a familias ampliadas obligadas a reagruparse en condiciones de hacinamiento en viviendas de padres o abuelos; a estudiantes sin clases, a enfermos sin servicios. Sin embargo, al mismo tiempo, la oligarquía terrateniente gestó prerrogativas para la protección de su capital, como la financiación para paliar el impacto generado por los incendios que ella misma provocaba; y los políticos con cargos en los tres poderes del Estado accedieron a los negociados resultantes de un endeudamiento sin precedentes, y de una corrupción ya conocida.

El año va cerrando y el actuar de los poderes económicos y políticos registra pocos cambios, todos en una misma orientación: ajustes “voluntarios” “inspirados” en las más cruentas recetas del FMI: endeudamiento y represión como medidas de control social; para confirmarlo, acaban de sancionar un presupuesto general de gastos para el 2021 que no incrementa tributos a los ricos ni incorpora programas para paliar las gravísimas necesidades básicas de la población, más bien introduce recortes para los servicios sociales del  MEC, el Indert y el Indi, mientras prioriza aumentos para la policía, las FFAA y para el pago de deudas.

A pesar del alto impacto que la crisis pandémica tuvo en la economía de las familias paraguayas, tanto urbanas como rurales, y de que sobran los motivos para demandar cambios radicales en Paraguay, hasta octubre las demandas al gobierno neo-estronista de Mario Abdo habían sido escasas. Diversos grupos sociales hicieron circular declaraciones, se anunciaron movilizaciones nunca concretadas.

Algunas luchas urgentes fueron rápidamente silenciadas, como la demanda de insumos para las ollas populares que llevaron a cientos de familias a las calles en los momentos más estrictos del aislamiento social, y que fue resuelta con la entrega de kits de alimentos no perecederos, una reducida asistencia monetaria denominada Ñangareko y la sanción de la Ley N° 6603/2020 “de apoyo y asistencia a las ollas populares organizadas en todo el territorio de la República del Paraguay durante la pandemia declarada por la Organización Mundial de la Salud a causa del covid-19”. Mujeres pobres movilizadas consiguieron que la ley se promulgue el 14 de septiembre, pero hasta la fecha sigue sin reglamentarse ni hacerse efectiva su implementación.

La movilización campesina de octubre

Mientras la mayor parte de la población nacional organizaba estas formas comunitarias de apoyo mutuo, el campesinado se mostró particularmente silencioso, hasta que el 12 de octubre llegó a las calles de la capital una fuerza de varios cientos de personas con algunos membretes organizativos nuevos y otros ya conocidos, todos mostrando el temple de la raza guaraní, la que sigue definiendo el complejo simbólico que reivindica la nación paraguaya. Todos mostrando la altivez, el sentimiento aguerrido, la ferocidad para defender una pertenencia cultural, esa fuerza que ha hecho del campesinado la fuerza social más relevante, históricamente, en la defensa de los derechos humanos, del territorio nacional, en la pulsión política que ha permitido la existencia del Paraguay.

Fueron dos grandes articulaciones las que trajeron representación campesina de casi toda la región oriental; por un lado la Coordinadora Nacional Intersectorial – CNI, integrada por la Organización Nacional de Cañicultores Agropecuarios – ONCA; Movimiento Agrario y Popular  – MAP; Coordinadora de Trabajadores Campesinos y Urbanos – CTCU;  Coordinadora Departamental de Agricultores de Concepción -CDAC; Coordinadora Departamental de Igualdad de Oportunidades de San Pedro – CDIOSP, y Coordinadora Regional de Canindeyú.

La CNI venía protagonizando movilizaciones en los últimos años, reclamando sucesivas financiaciones para proyectos productivos e infraestructura, además de la siempre debatida “condonación de deudas” frente a la situación de altísimo endeudamiento; estas movilizaciones se resolvieron históricamente con acuerdos muy publicitados, como en los meses de marzo y junio de 2019, cuando tras diálogos sostenidos con el senador Silvio Ovelar, entonces presidente del Congreso, se acordaron renegociaciones de deudas, otorgamiento de tierras y financiación de proyectos de reactivación productiva. Estos acuerdos terminaron denunciados por supuestos beneficiarios, quienes afirman que nunca se concretaron.

La segunda fuerza es la Articulación Campesina Indígena y Popular – ACIP, integrada por Movimiento Campesino Paraguayo – MCP; Movimiento de Trabajadores Rurales y Urbanos – MTR; Organización Nacional de Aborígenes Independientes – ONAI; Movimiento Agrario Independiente – MAI y la Asociación de mujeres campesinas y populares de Caaguazú – AMUCAP; Organización de Lucha por la Tierra – OLT; Unión de Productores/as Agroecológicas – UPA, y CULTIVA Py. Algunos de estos membretes integraron alguna vez la CNI, y este año resolvieron tomar distancia de sus dirigentes y articular un nuevo espacio de unidad, aunque no renunciaron al derecho a seguir manifestándose en reclamo de sus derechos.

Las dos fuerzas, después de tres días de hacerse sentir en las calles del centro de Asunción, el 15 de octubre lograron un acuerdo que incluía 10 puntos, entre los que se destacaban inversiones vía Ministerio de Agricultura y Ganadería por un total de 30 millones de dólares, a fin de reactivar la producción de la agricultura familiar campesina, y el inicio de gestiones para la defensa de los territorios en manos campesinas e indígenas, y la recuperación de tierras en manos de no sujetos de la reforma agraria.

“Ustedes también se benefician de nuestra lucha”

“Venimos a Asunción a reclamarle al ministerio para beneficio de todo el pueblo paraguayo, de la gente de Asunción también. ¿Qué tiene para comer Asunción? Lo que nosotros producimos. La soja no se come”, expresaba uno de los manifestantes. Porque si bien la movilización campesina demanda históricamente tierra y políticas públicas para producir, tras esa demanda está la primera condición para la soberanía, que es la soberanía alimentaria; la independencia, libertad y autonomía para crear, trabajando la tierra, las condiciones básicas para la reproducción de la vida.

Blas Alderete fue uno de los movilizados, proveniente del Distrito Yasy Cañy, Canindeju. “La gran necesidad del pueblo campesino nos obliga a venir y plantear nuestros temas de recuperación de la agricultura familiar campesina, de tierras, de deudas, temas de los compañeros indígenas, varios temas”, nos decía. “No está bien nuestra situación, el clima juega en nuestra contra, han deforestado todo, son responsables los grandes productores, estamos sufriendo la sequía. Tengo 7 hijos, planto diferentes rubros, para consumo y venta, tengo 17 has, pero muchos compañeros están en situaciones mucho más críticas”.

Otro productor movilizado fue Víctor González, de San Pedro del Ykuamandyju. “El gobierno había hecho un acuerdo con nosotros, y no cumplió con su compromiso. Condonación o congelamiento de deuda. Las familias campesinas no podemos pagar nuestros créditos, los créditos que nosotros conseguimos cobran 35 / 40% de interés”. Víctor describía la falta de políticas que regulen el mercado con mucha crudeza: “Soy productor de mandioca. Ya en 2014 la fábrica Codisa pagaba Gs. 350 el kilo de mandioca, hoy paga 190. Pagamos Gs. 100 de flete, desalijo 15, nos queda 50 guaraníes por kilo para el productor. Tenemos que vender 1000 kilos para ganar Gs. 50.000. Por eso tenemos triplicadas las deudas. Pedimos la reactivación de la agricultura familiar campesina. Estamos padeciendo la seca, los bichos, todos los problemas que vienen con el cambio climático. Y así muchos ya quieren recurrir al suicidio”.

Ambos productores tenían muy claro el desafío político; Alderete afirmaba: “El gobierno no tiene voluntad para dar respuesta real, porque este es el gobierno de los ricos, solo para ellos da respuesta, a los ganaderos les dan créditos cuando queman sus campos, a nosotros nada, pero vamos a seguir luchando, alguna cosa le vamos a sacar. Es posible un gobierno para nosotros, es posible, pero tenemos que unirnos todos”. González, por su parte, explicaba: “Somos el pueblo campesino quienes les votamos a colorados, liberales, Frente Guazú igual. Yo no tengo tiempo para la política, y sin embargo el gobierno no nos da importancia. Este gobierno es solo para grandes empresarios, habrá que cambiarlo”.

Fueron necesarias dos movilizaciones más (el 11 de noviembre y el 24 de noviembre) para lograr la sanción de una ley que promete resolver estos tres puntos. ¿Cumplirá el gobierno colorado esta vez sus promesas? Es difícil saberlo.

Del campo y la ciudad

El hecho de que se mantenga viva la llama de la defensa de la identidad rural nacional y del modo de vida campesino es una señal inequívoca para entusiasmar la esperanza, pero las transformaciones que permitan la sobrevivencia del país requieren de un cambio político mucho más profundo, que solo llegará en la unión de la gente del campo y la ciudad, en una lucha que derrote definitivamente las fuerzas del saqueo extractivo, en manos de terratenientes ganaderos y sojeros, y las fuerzas de la ignominiosa corrupción liderada por políticos en los tres poderes.

En tiempos en que el mundo devela la insostenibilidad del capitalismo y sus perversas formas de producir y consumir, el único camino para torcer la historia de despojo de nuestro territorio es la lucha, la movilización, la calle. Y para ello, la conciencia y la unidad de los sectores populares es indispensable.

El campesinado, una vez más nos ha mostrado que la lucha permite que la identidad nacional, tras siglos de dominación, empobrecida y violentada, siga viva. Por eso desde la ciudad, en el día de los derechos humanos, una vez más, retomamos la calle y marchamos.

 

Fotos: Ángel Tuninetti – Heñói

Material libre para su difusión citando la fuente.

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