La paradoja del futuro. ¿Alimentación o especulación inmobiliaria?

En una visita reciente a la comunidad de Aveiro del distrito de Itá, el equipo Heñói constató la situación actual en la que se encuentran los productores y las productoras hortícolas. Las primeras percepciones al llegar a la comunidad daban cuenta de cómo, en tan poco tiempo, se modificó el paisaje predominantemente verde y fresco de sus calles arenosas por un clima caluroso, seco, grisáceo, con terrenos alambrados y carteles de inmobiliarias por doquier. Además, la desolación en la que se encuentran los productores y las productoras por la falta de un acompañamiento efectivo para la producción, desde las instituciones responsables.

Esto no es casualidad, ya que, en el diálogo con uno de los productores, se puso en evidencia la principal causa del problema que atraviesan en la comunidad, cuando el mismo planteó que el problema de la tierra se da en todo el territorio nacional: en el campo por el avance de los agronegocios, mientras que en zonas urbanas y periurbanas como las del departamento Central, la voracidad especulativa de las inmobiliarias es la que se apropia de las tierras.

En los meses que van de la pandemia, se identifican seis nuevos loteamientos, que se encuentran dispersos a lo largo de la comunidad Aveiro, sumando un total aproximado de 65 hectáreas pertenecientes a La Paraguaya Inmobiliaria. La principal contradicción de este proceso es que esta comunidad se encuentra dentro de la categoría de zona rural, y, al menos hasta antes del cierre por la pandemia, no estaba habilitada para fines urbanos, de modo que resulta, –cuanto menos- llamativo, el tiempo récord en el que estas empresas realizaron las operaciones para habilitar loteamientos, más aún porque durante la cuarentena la municipalidad de Itá no se encontraba funcionando.

Esta urbanización dispersa y considerada ilegal por los productores y las productoras de la zona, avanza sobre la comunidad con una lógica de mercantilización total del territorio, destrucción de remanentes de bosques y pone de manifiesto las miserias humanas. El productor da cuenta del proceso cuando comenta que uno de los loteamientos se hizo “en veintidós días más o menos con máquina; ya pusieron luz, empedrado, asfaltado; ahí yo antes plantaba tomate, ahora ya está prohibido. Si pones a pastar tu vaca por una estaca te cobran 250.000 gs, si no, le llaman a la fiscalía. Ahí era ka´aguy (bosque) maravilla, lindo, ahora desmontaron; le pedimos para cocinar la leña, hicieron un pozo y tiraron, no nos dieron”.

Según refiere el productor entrevistado, este territorio liberado al avance de las inmobiliarias cuenta con la complicidad de las autoridades del municipio de Itá, quienes contraviniendo sus fines y objetivos como funcionarios públicos forman parte de la rosca de la corrupción, “ellos están de su lado, cada concejal tiene un camión tumba para empedrado, les conviene que se apruebe porque tienen la piedra, la tierra, completo; y ellos mismos ganan la licitación para el empedrado”.

El acaparamiento de tierras para la creación de nuevos loteamientos y fracciones urbanas parece tener fines especulativos, ya que no se observan construcciones ni ocupaciones, sin embargo, se evidencia la incesante multiplicación del negocio en los últimos tiempos; a razón de que, por el valor de uno o dos lotes financiados, recuperan la inversión del costo de 6 a 7 hectáreas.

En contrapartida, el camino de las familias productoras es sombrío y lleno de obstáculos. Este año trajo consigo perdidas incalculables; la primera cosecha del mes de febrero se perdió por causa de una “plaga” que ningún ingeniero del Ministerio de Agricultura pudo explicar, menos aún encontrarle una solución; en la segunda cosecha vino la helada; la tercera cosecha fue invadida por el yso´i, sumado a la sequía que no les permite plantar rubros de autoconsumo (mandioca, poroto, maíz). De mantenerse esta situación se vislumbra hambre para la población en los próximos meses.

Para hacer frente a la crisis alimentaria agudizada por la pandemia, recurrieron a la venta de los pocos animales que tenían para tratar de salvar la situación, dado que la mayoría de productores y productoras se encuentran endeudados y sin acceso a créditos para la producción.

A esto se agrega que alrededor de 1000 familias son productoras sin tierra, y el costo de alquiler para la producción se ha disparado en los últimos tiempos, fenómeno que está relacionado directamente con el avance de la especulación inmobiliaria. El productor comenta que anteriormente se realizaban acuerdos informales con los propietarios para producir, pero eso fue cambiando a partir de la inserción de las inmobiliarias y la lógica mercantil instalada. Anteriormente el costo de alquilar una hectárea no llegaba a los dos millones anuales, pero ahora los propietarios exigen que el alquiler se realice por cada cosecha, mediado por un contrato vía escribanía, que tiene un costo adicional de al menos 300.000 gs. Esto implica un monto promedio de 4 millones de guaraníes anuales para cada familia, elevando considerablemente los costos de la producción hortícola.

A este escenario se suma que los productores y las productoras solo han recibido promesas por parte de las autoridades municipales y nacionales ante sus legítimos reclamos. Esto pone de relieve la indiferencia del Estado hacia el futuro de las familias productoras, en cuyo seno se materializan puestos laborales que no encuentran alternativas en otros sectores y que, cuando se pierden, pasan a engrosar las altas cifras de desempleo y subempleo que soporta el país.

Esa desidia vergonzosa evidencia también que las instituciones gubernamentales encargadas de proteger la producción de alimentos, y a sus protagonistas, hacen caso omiso a la demoledora realidad de estas zonas: la producción no sólo es el medio de subsistencia material, sino que configura la territorialidad e identidad cultural de sus existencias.

Cabe preguntarse entonces, ¿no resulta sospechoso hablar de futuro prescindiendo de la naturaleza, de la acción humana y de la (agri) cultura?

Escuchá el artículo aquí:

 

Fotos: Susana Balbuena – Heñói.

Material libre para su difusión citando la fuente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *