¡Chake! ¡Galletas (y ostias) transgénicas!

Por Heñói

Asunción, 9 de octubre de 2020

Desde 1996 nos convirtieron en conejillos de indias, obligándonos a comer -sin que nos enteremos- organismos genéticamente modificados; metieron aceite, lecitina, almidón de soja y maíz transgénicos en casi todos los alimentos industrializados: fideos, galletitas, aderezos, golosinas, hamburguesas, fiambres, etc.

Hace apenas dos años la bioquímica María Elena Damús, tras su investigación para su tesis de maestría en biotecnología de alimentos titulada “Detección de organismos genéticamente modificados en granos de maíz utilizados para la elaboración de harina”, nos confirmaba que encontró transgénicos en 10 de las 18 muestras de maíz analizadas, provenientes de los departamentos de Alto Paraná, Itapúa y Canindeyú. Es decir: la sopa paraguaya, el chipa mestizo y el mbaipy que preparamos para nuestros seres queridos, son probablemente transgénicos.

Hoy la industria de la biotecnología alimentaria nos castiga con una novedad aún más perversa: Argentina acaba de otorgar la autorización comercial para el trigo IND-ØØ412-7, el cual confiere tolerancia a sequía y tolerancia a glufosinato de amonio[1]. ¡El trigo! El primer cereal domesticado hace 10 mil años. ¡El que organizó la sociedad humana tal como la conocemos!

Ya en los primeros años del Siglo, vista la idiotez en la propuesta del trigo transgénico, la asociación estadounidense de productores de trigo rogaba a las autoridades norteamericanas que no lo liberaran en ese país, ya que nadie en su sano juicio lo comería, ni en Estados Unidos ni en Europa.

Así como fue Argentina el país que liberó el primer transgénico de soja (que se sembró en Paraguay), es también el que libera el primer trigo. Y si se habían metido con nuestros platos típicos, hoy se meten nada menos que con el pan, la galleta, la pireca, la empanada. Y no para mejorarlos, sino todo lo contrario.

La pandemia del Covid ha puesto en evidencia la insostenibilidad de la producción de carne industrializada, con mega-granjas de cerdos y aves -alimentados con transgénicos- que originan mutaciones en microorganismos, que a su vez enferman a los humanos; la epidemia global de cánceres, alergias alimentarias y trastornos neurológicos pone en evidencia el impacto de la alimentación industrializada en la salud humana. ¿Hacen falta más evidencias para mostrarnos que los transgénicos no son alimento? ¿Vamos a seguir aceptando comida envenenada?

El glufosinato de amonio es un herbicida organofosforado; produce partos prematuros, anormalidades y abortos en hembras preñadas, y deteriora la calidad de los espermatozoides y del ADN espermático[2]. En 2018 Paraguay importó legalmente 40.280 kilos de glufosinato de amonio procedente de China. Una bomba tóxica que se suma a los demás 57,5 millones de kilos de agrotóxicos importados cada año.

No necesitamos más venenos. No necesitamos transgénicos. Ni agrotóxicos ni semillas transgénicas son una necesidad agronómica, son solo una necesidad de las corporaciones que las producen. Necesitamos una moratoria inmediata al uso de todas las semillas genéticamente modificadas; una ley de etiquetado de transgénicos, y Estados al servicio de la salud humana, no de la codicia y la idiotez.

 

[1] Resolución Nº 41 de fecha 7 de octubre de 2020, firmada por el Secretario de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo Regional, Lic. Marcelo Alós (Ministerio de agricultura, ganadería y pesca)

[2] González Calixto, Cecilia et all. “El glufosinato de amonio altera la calidad y el ADN de los espermatozoides de ratón”. Rev. Int. Contam. Ambie. 34 (Especial sobre Contaminación y Toxicología por Plaguicidas (CTP) 7-15, 2018. Disponible en: www.revistascca.unam.mx

 

Foto portada: https://bit.ly/36NGkcF

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One thought on “¡Chake! ¡Galletas (y ostias) transgénicas!

  1. Siento que no importa haber transgredido las normas para tomar conocimiento de tal envergadura ya que atenta directamente no sólo contra nuestra salud sino peor modificando nuestro ADN desde las semillas, hasta los tratados que han hecho la mayoría de los países es muy importante tener estos conocimientos pero lo más importante creo que es plantearnos que podemos hacer para revertirlo y así ponernos a la acción; pienso que lo primero es difundirlo masivamente para así poner todos nuestro granito de arena para revertírlo sobre todo que hacer por donde empesar

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