Paraguay sumido en la humareda de inconsciencia y desidia.

Las escenas casi apocalípticas que presenciamos y estamos viviendo en estos últimos días son la materialización de lo que ya se venía diciendo hace años, “el Paraguay está ardiendo por culpa de la desidia y la corrupción”. Hoy literalmente afirmamos que el Paraguay se quema a causa de la priorización de intereses individuales y del abandono y daño causado a la sociedad desde tiempos inmemoriales.

Nuestro territorio se encuentra atravesando situaciones difíciles, nuestra sociedad y nuestra naturaleza se encuentran con el cuello bajo la guillotina, los estratos políticos son los verdugos y es el modelo económico-productivo el que dictamina la ejecución. Los incendios que azotan al Paraguay se dan en un escenario de sequía y altas temperaturas con más de 7.000 focos de calor a nivel nacional según el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible[1], batiendo records que eran inimaginables en cantidad de focos de incendios y cuantía de pérdida de biodiversidad.

Ante esto, el estado pretende echarle la culpa a la inconciencia social, lavándose las manos y atribuyendo estos escenarios actuales a las prácticas de quema de basuras, ubicando así a ciertos grupos o sectores vulnerables como principal razón generadora de la situación actual. Si bien es imposible exculpar totalmente a estos grupos, no son los únicos, ni el motivo precursor.

Además, no estamos hablando de falta de conciencia ambiental, es falta de educación ambiental, y si alguien es culpable de esto es el mismo sistema educativo que agoniza por no tener los recursos necesarios, el mismo que es explotado, marginado y prostituido para exprimir hasta la última moneda en beneficio de aquellos que tienen el poder en sus manos.

Haciendo un análisis rápido de causa-efecto, que el estado se defienda cobardemente con el argumento de que es culpa de la falta de educación, es básicamente su confesión y reconocimiento de que está fallando en cada ámbito posible, desde lo educativo a lo económico, hasta lo socio-ambiental.

No debemos caer en esta treta y desviar la mirada hacia culpables que en realidad no lo son. Como intenta hacerlo el comunicado del INFONA, advirtiendo del peligro de nuevos incendios forestales causados por la quema ilegal de basura, matorrales, campos y/o pastizales como práctica de cultivo[2].

El Plan Nacional de Uso de Fuego del Paraguay menciona que las causas de los incendios forestales son varias y todas se generan por actividades desarrolladas por el ser humano, ya sea accidental, intencional o por negligencia. Las causas más frecuentes de que se tienen conocimiento son, [1] quemas sin que se tomen precauciones, sean estas intencionales o por mala praxis, en los sistemas de producción agropecuarios, [2] quemas para cacería, obtención de miel y leña, [3] quema de residuos, [4] falta de ejercicio de las autoridades para aplicar las medidas legales por desconocimiento o falta de voluntad política, y [6] patrones de uso de fuego alterados en extensión e intensidad para satisfacer necesidades de nuevas superficies para asentamientos, granos y ganado en tercer lugar[3].

Todo esto evidencia una cruda realidad, el país está ardiendo a causa de este podrido esquema imperante apañado y protegido por el inoperante estado mediante la débil o nula aplicación de la legislación vigente.

Si queremos apuntar a algún culpable verdadero, debemos fijarnos en las multinacionales y sus promesas de crecimientos industrial que solo buscan explotar nuestros elementos naturales con total impunidad ambiental. O en los grandes negociados fomentados por aquellos con poder y sin escrúpulos, que atentan en contra de la sostenibilidad a largo plazo de nuestros ecosistemas. O en el principal criminal responsable, el modelo de agronegocio actual que basa su actividad en degradar y destruir ecosistemas naturales para que estos puedan albergar actividades agrícolas o ganaderas y se transformen en paisajes productivos irrecuperables.

Sabemos que este último es el que mayor condena debería llevarse, pero esto no quiere decir que todos los productores sean culpables, podemos asegurar que los grupos campesinos e indígenas respetan a la tierra que les da de comer, no se valen de este tipo de métodos de “limpieza”, debido a que no son poseedores de cuantiosas extensiones de tierra, como los oligarcas que si buscan arrasar con todo lo que se tiña mínimamente en verde en pos de lo que ellos consideran progreso.

Los incendios forestales son eventos recurrentes en esta época del año, que se acrecientan por la situación de sequía. La incidencia de incendios se ve afectada por la variabilidad del clima, incluido el viento, las escasas precipitaciones y altas temperaturas, así como por otros factores ajenos al clima[4], como menciona el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.

Son eventos recurrentes que se dan con cierta periodicidad, pero la exacerbación de los mismos queda principalmente en manos antrópicas extractivistas, ecocidas, que apenas son referidos como “otros factores ajenos al clima”. Estos incendios ya se escapan de la naturalidad, se producen hasta en zonas que no se ven clasificadas como hotspots dentro del mapeo nacional para la prevención de incendios, se dan en áreas poco vulnerables a estos sucesos no deseados, siendo ya imposible de negar que son provocados con la finalidad de obtener algún beneficio.

Es muy fácil y cómodo culpar a la variabilidad climática, y a la inconciencia social, aplicando la “regla del 30-30-30” como respuesta a esta situación. La regla del 30 hace referencia a una temperatura del aire superior a los 30 grados, vientos del orden o superiores a 30 kilómetros por hora y una humedad relativa del aire inferior al 30%[5].

Verdaderamente deberíamos aplicar la “regla de la superposición” ante cada siniestro ambiental de esta magnitud, superponer mapas de alcance de áreas afectadas o zonas quemadas con mapas de uso potencial de suelo basados en el criterio del agronegocio y del lucro inmobiliario. Así obtendríamos una respuesta más concreta y significante, podríamos asegurar que las áreas quemadas corresponderían a puntos con algún interés económico, en donde sería viable la implantación de actividades productivas o extractivistas a gran escala que una vez más generen redito económico solo para los faraones del capitalismo y sus otras estructuras de dominancia consumidas por las llamas de la avaricia.

Como sociedad debemos despertarnos, no permitir que la humareda del oportunismo y corrupción nos maree y nuble nuestro buen juicio, debemos comenzar a accionar y reaccionar en consecuencia debido a que cada vez son más graves las lesiones contra el tejido social y contra nuestro medio ambiente. Evitemos esta injusta ejecución, planeada por este gran titiritero que planta falsos culpables, dudosa evidencia y nos ciega ante una realidad más que evidente.

Debemos exigir respuestas, pero respuestas coherentes en donde se expongan los puntos críticos que urgentemente se deben de modificar en nuestros estratos gobernantes, asumir nuestro rol como protectores del patrimonio natural, y perseguir el cambio en nuestro modelo económico-productivo imperante que demuestra ser el principal causal de este deterioro general del cual todos somos víctimas.

 

[1] DW-Made for minds (2020). Paraguay afectado por humo tras varios incendios. Disponible en: https://www.dw.com/es/paraguay-afectado-por-humo-tras-varios-incendios/a-55098903

[2] Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (2020). Situación de incendios en Paraguay. Disponible en: https://www.mspbs.gov.py/portal/21829/-situacion-de-incendios-en-paraguay.html

[3] Plan Nacional de uso de Fuego del Paraguay (2016). Disponible en: https://gfmc.online/wp-content/uploads/PENAMIF-Paraguay-2012-2016.pdf

[4] Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (2020). Situación de incendios en Paraguay. Disponible en: https://www.mspbs.gov.py/portal/21829/-situacion-de-incendios-en-paraguay.html

[5] Ministerio del Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (sf.). Evita el fuego, la diversidad es vida. Disponible en: https://www.mapa.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/politica-forestal/dossier_tecnico_tcm30-153331.pdf

 

Fotos: Heñoi

Material libre para su difusión citando la fuente.

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