Jajotopáta. Diálogos en tiempos de pandemia: Avanzando hacia caminos comunes.

Sistematización: Heñói

La crisis generada por el COVID 19 a nivel mundial, agudizó las contradicciones sociales existentes y expuso más crudamente las carencias y debilidades de los sistemas económicosy políticos hegemónicos, situación que ha convocado a pensar y actuar en función a cambios que transiten hacia modelos alternativos de vida y de producción. En Paraguay esto ha sido muy elocuente, los altos índices de pobreza y trabajo informal, la falta de inversión en el sistema público de salud, los escasos recursos económicos del Estado, la vulnerabilidad alimentaria de la población y la dependencia productiva del país, entre otros aspectos, han quedado al descubierto, volviéndose más urgentes los cambios estructurales para superar esos graves problemas.

A partir de esta situación, Heñói convocó a un diálogo con diversos actores, a través de medios virtuales dada la política de aislamiento vigente, lo que se concretó en dos webinarios denominados “Jajotopáta: Pensemos, hablemos, actuemos”. El primero de ellos se realizó el 30 de abril y el segundo el 18 de mayo, con la participación de unas treinta personas en cada caso. En ambos encuentros se hicieron presentaciones disparadoras del debate, en torno a la situación socioambiental, casos de alternativas existentes, la situación rural y de la agricultura campesina, el contexto urbano y la experiencia de las ollas populares. A partir de esto, el debate abierto fue construyendo un diagnóstico de situación desde diversas perspectivas, en medio del cual fueron surgiendo temas y propuestas para una agenda mínima de consenso, que pueda ser profundizada e impulsada por una amplia articulación de actores y sectores.

Breve diagnóstico de coyuntura

El fenómeno del COVID-19 expandido rápidamente a escala internacional, incrementó los riesgos sanitarios, económicos, sociales y ambientales en Paraguay, debido a su carácter atrasado y dependiente. Se evidenció la crisis del sistema agroalimentario y los riesgos reales de hambruna, los graves problemas del mercado laboral, el acceso restringido a la tierra, mayormente desgastada para la actividad agrícola, el déficit en el acceso al agua, las dificultades para la producción y acceso a alimentos, los efectos del cambio climático y sus impactos negativos en todo el ciclo ecológico y productivo.

Además de la dificultad para el acceso a alimentos, la pandemia también agudizó la escasez de semillas para la producción, en varios rubros como los hortícolas. La dependencia hacia las semillas extranjeras se ha incrementado en las últimas décadas, situación que se agrava en esta coyuntura, por la información de que Brasil prohibió la exportación de semillas, dadas las dificultades que están atravesando por la pandemia, de modo a priorizar su mercado interno.

A esto se suman otros problemas, como la cuestión del sistema tributario y los escasos recursos públicos, el consecuente altísimo endeudamiento impulsado por el Gobierno, las carencias y debilidades del sistema de salud público, así como la inexistencia de un sistema de protección social efectivo, que deriva en políticas de asistencia social mínimas a las poblaciones más vulnerables, en situación de emergencia por la falta de trabajo, ingresos y alimentos.

Frente a esto, en los sectores populares se observa la emergencia de nuevas y creativas formas de respuesta y resistencia, movilización y politización de las demandas, de reivindicaciones urgentes e históricas. Como ejemplo, al hambre se ha respondido con las ollas populares, en gran medida generadas por la solidaridad y la autogestión de diferentes comunidades y organizaciones, las cuales se han multiplicado en asentamientos y barriadas de todo el país.

En relación a esto, hubo experiencias preexistentes similares, como los comedores populares asistidos por el Estado, las que fueron puestas en tensión, debido a que en muchos casos las instituciones públicas vinculadas a los comedores (SEN, DIBEN) proveen de carne y leche de soja, así como otros productos nocivos para la salud.

En relación al Estado, ha quedado en evidencia que el gobierno no tiene la capacidad de elaborar una planificación estratégica que pueda superar efectivamente los diferentes aspectos de la crisis. Las respuestas a las necesidades de la población han sido lentas, insuficientes y fragmentarias, incluso varias de las medidas planteadas son contrarias al interés general. En esta coyuntura se presentaron situaciones en las que existe una aparente división al interior del gobierno, por la apropiación de los recursos económicos. El caso del Ministerio de Agricultura y Ganadería es ilustrativo, mientras publicita un supuesto apoyo a 150.000 fincas de la agricultura familiar sin un plan concreto de implementación, busca anexar bajo su control a los entes autárquicos del sistema (INDERT, SENAVE, IPTA, entre otros) que manejan más de 70 millones de dólares por año, cada uno.

Otra realidad evidente es la captura de las instituciones del Estado por parte de los agronegocios y grupos de poder, como el caso del CONACYT o el propio MAG. Esto facilita el mantenimiento de los históricos privilegios de los sectores empresariales, nucleados en la ARP, UIP, FEPRINCO, UGP, entre otros gremios.

La pos pandemia, los riesgos, las alternativas

La actual crisis del sistema social es una oportunidad para la reflexión, el aprendizaje, la acción y el cambio social, para incidir en el nuevo escenario que se abra luego de la pandemia. Pero también es una oportunidad para la actualización de la dominación y el statu quo. De allí la importancia de la articulación y la acción política colectiva de los sectores populares.

Ha quedado clara la intencionalidad de la dirección política y económica conservadora del país, de aprovechar la crisis en favor de los sectores que concentran el poder. La propuesta de Reforma del Estado impulsada por el gobierno, con apoyo del Congreso y los medios empresariales de comunicación, contiene una agenda conservadora que apunta a un mayor achicamiento del Estado. En torno a este proceso, los movimientos y organizaciones sociales no han sido convocados al diálogo, han sido ignorados. Este rediseño del Estado propiciaría nuevamente una mayor concentración de riquezas, reforzando e incrementando la histórica desigualdad social.

También ha quedado claro el rol de los medios empresariales de comunicación, como polea de reproducción de los intereses de dichos sectores, y de omisión de las demandas y reivindicaciones de los sectores populares. Evidenciándose uno de los principales desafíos de este tiempo, el cómo comunicar nuestras ideas y propuestas.

Cómo ejemplo de la vitalidad y vigencia de experiencias alternativas, se presentó el caso del asentamiento campesino Crescencio González, sus características y resultados obtenidos, de manera comparativa con los de una finca de agricultura mecanizada de superficie similar. Los resultados fueron categóricos, el asentamiento campesino es más beneficioso para el país en términos económicos, sociales, culturales y ambientales: las fincas campesinas generan muchos más empleos que las empresariales; conservan mucho mejor los recursos naturales; producen alimentos más diversos y sanos; complementan la producción agrícola con frutas y plantas medicinales, cría de animales, productos derivados, además de facilitar el acceso a la vivienda, agua y energía. Tienen menores costos y dependencia externa, por tanto, mayor autonomía y sostenibilidad en el tiempo. Además, las familias campesinas generan relaciones sociales comunitarias de cooperación y solidaridad.

Otra de las iniciativas del campo popular presentada fue la de las ollas populares, extendidas por todo el país en el marco de la pandemia. En medio del paro económico, el desempleo y la pobreza, y ante la negligente pasividad estatal, los habitantes de los barrios y asentamientos populares organizaron, mediante la autogestión y la solidaridad, ollas populares para acceder a alimentos en el contexto de la crisis, mostrando un camino de resolución colectiva de problemas.

A partir de estas experiencias y el diagnóstico realizado, se coincidió entre los y las participantes en la necesidad de socializar y politizar estas problemáticas, las demandas y las posibles soluciones. En ese camino es fundamental la disputa cultural, la comunicación, la educación, sensibilización y persuasión. El intercambio de experiencias y conocimientos, la organización para la acción transformadora y una amplia articulación que integre al campo y la ciudad.

Agenda mínima

¿Cuáles podrían ser los temas de una agenda común que oriente la acción política colectiva? Entre muchas propuestas, se destacaron por el consenso generado las siguientes, sin establecerse un orden entre ellas:

Reforma del Estado: es necesario participar en el proceso de discusión, para darle un sentido social y popular, que permita la ampliación de los diferentes derechos de la población, en oposición a lo que buscan los sectores de poder que promueven la reforma, dentro y fuera del gobierno. Esto requiere la articulación de una fuerza social significativa en torno a ciertos puntos de encuentro. Sin la participación de esta fuerza social, cualquier cambio en la estructura del Estado es una flagrante amenaza para la población.

Reforma Agraria: en el nuevo contexto abierto, ante el grave problema alimentario, sectores sociales antes indiferentes hoy miran con esperanza las posibles respuestas que pueda dar la agricultura campesina, lo que permite relanzar el programa de una Reforma Agraria, para fortalecer el modelo de vida y producción campesina, para beneficio de toda la sociedad.

Ollas populares: se propone que estas iniciativas comunitarias se prolonguen luego de la emergencia, como una forma de resolver el problema de la alimentación en los sectores populares. Al tiempo que las fincas campesinas sean las proveedoras de estas ollas, con productos nacionales, lo cual garantizaría alimentos frescos y un mercado permanente a la agricultura familiar, fortaleciendo el empleo e ingresos en este sector. Esto será posible si se configura como una política pública desde el Estado, con participación directa de las organizaciones sociales. Se puede vincular esto con la ley de compras públicas de la AFC, así como con los kits de alimentos y la merienda o almuerzo escolar. También se pueden impulsar las huertas urbanas para proveer a las ollas populares.

Semillas: es urgente la recuperación de las semillas nativas y criollas de nuestro país, para fomentar la soberanía alimentaria, la independencia productiva y la diversificación del sistema productivo. La conformación de una Red de Semillas, vinculando a diversos productores semilleros de todo el país, es una iniciativa que ya se está articulando entre varias organizaciones.

Comercialización: frente a la caída de las ventas de la producción campesina por efecto de la crisis, y los históricos bajos precios por efecto de la intermediación empresarial, urge articular esfuerzos para mejorar la comercialización de la producción de la agricultura familiar y comunitaria. Existen varias experiencias en esta dirección, de las que se puede partir.

Quedan muchas interrogantes aún, para dialogar y problematizar, al tiempo de seguir construyendo articulaciones y el poder popular necesario para impulsar colectivamente estas y otras medidas, e ir logrando, desde el pueblo organizado, las transformaciones necesarias.

 

Foto portada:  Heñoi y Fanpage Ollas Populares Solidarias. Bañado Sur.

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