Asentamiento Crescencio González. No sólo rentabilidad, una Patria Nueva

Centro de Estudios Heñói

En medio de la crisis ambiental y social generada por el sistema agroindustrial mundial, las comunidades tradicionales ofrecen alternativas viables comprobadas. Una de esas experiencias es la del asentamiento campesino Crescencio González de Paraguay, constituido hace veinte años, que ha conformado una comunidad con 270 familias, unos 1.300 habitantes, que viven desarrollando prácticas productivas tradicionales que les han dado excelentes resultados. El presente estudio, realizado en el año 2019, describe esta experiencia comunitaria en varios aspectos, como el trabajo, la tierra, los recursos naturales, la producción, la renta, con todo lo cual se realiza una evaluación integral comparativa de los resultados obtenidos.

El origen

El asentamiento es una conquista de la lucha organizada de la Federación Nacional Campesina (FNC), quienes entre fines de 1999 e inicios del 2000 realizaron ocupaciones de latifundios, exigiendo tierras para las familias campesinas. A pesar de la brutal represión que costó la vida de 4 campesinos, entre ellos a Crescencio González, más cientos de heridos y detenidos, la presión campesina arrancó al Estado un acuerdo, por el cual se compraron 10.000 hectáreas para formar dos asentamientos, denominados con los nombres de dos de los mártires campesinos, Crescencio González y Huber Duré, cada uno de 5.000 hectáreas. En la actualidad estas tierras están en peligro, dado que un terrateniente las ha reclamado judicialmente, abriendo un escenario de incertidumbre para la comunidad.

El territorio

Las tierras son de propiedad estatal, adjudicadas a la organización campesina, y a través de ellas, a las 270 familias, distribuidas en diez núcleos dispuestos de manera circular, con lotes de 10 hectáreas. Está ubicado en el antiguo bosque central del Paraguay, caracterizado por una rica diversidad forestal, donde abundan especies como el Palo rosa (Aspidosperma polyneuron); Tajy (Tabebuia alba, Tabebuia impetiginosa); Ybyraro (Pterogyne nitens); Kurupay (Anadenanthera colubrina); Palmito (Cocos nucifera, Euterpe edulis, entre otros). Estas especies se encuentran hasta hoy, así como diversas especies animales.

Producción y trabajo

Los lotes abarcan 2.700 hectáreas, de los cuales 906 se destinan a cultivos agrícolas y 571 a pasturas para animales. En el asentamiento trabajan 817 personas, el 45% mujeres y 55% hombres. El 73% de ellos trabajan directamente en la producción agropecuaria dentro de las fincas, mientras un 20% realizan trabajos extraprediales. En la producción agrícola predomina el cultivo de alimentos, para el autoconsumo y la venta, como variedades de mandioca, maíz, maní, poroto, sésamo, hortalizas y verduras. Se complementa con la cría de animales, vacas, cerdos, gallinas y patos, que proveen alimentos y productos derivados, como leche, huevo y queso. Se dispone en las fincas de una riquísima variedad de plantas frutales y medicinales que nutren cotidianamente a la población.

Conservación ambiental

Existe una alta conciencia ambiental en la población. Establecieron el cuidado de reservas boscosas, el respeto a la biodiversidad, la plantación de árboles frutales y forestales para una mayor salud del ecosistema que habitan. Lograron un colegio con un bachillerato técnico en Ciencias Ambientales, que cuenta con 56 estudiantes. Esa visión comunitaria ha permitido que el 42% del territorio del asentamiento sea boscoso. Por su parte, las tierras en uso productivo cubren el 30% del asentamiento, cuando que en grandes establecimientos de la zona los monocultivos alcanzan hasta casi el 100% del territorio de las fincas.

Rentabilidad integral

El estudio analizó la rentabilidad económica, social y ambiental del asentamiento en su conjunto, incluyendo rentas monetarias y no monetarias. El beneficio total alcanzado fue de US$ 1,8 millones, unos US$ 7.000 año por finca, originados de manera sustentable y diversificada: 41% proveniente del sistema agrícola, el 26% de la conservación y uso racional de los bosques, 11% de productos derivados, 10 % de la cría de animales, 12% de las variedades frutales y medicinales.

El estudio realizó una comparación con el resultado de una estancia de agricultura mecanizada de dimensión similar, obteniendo el modelo campesino mejores resultados en generación de empleos, margen de beneficios, uso del territorio y conservación ambiental, así como en la distribución del producto obtenido. La fortaleza y sustentabilidad de la vida campesina, demostrada en el Asentamiento Crescencio González, es una solución real a los problemas generados por el sistema alimentario agroindustrial. Es un ejemplo de Patria Nueva, con participación popular y justicia social.

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Foto portada:  Heñoi

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