La Voluntad Campesina para Enfrentar la Adversidad

El campesinado latinoamericano en general, y el paraguayo en particular, viene soportando desde los años setenta, una verdadera política integral de hostigamiento, asfixia y expulsión de sus comunidades, a raíz de la implementación de una modernización agrícola excluyente, que enarboló la revolución verde, los agrotóxicos y la mecanización de monocultivos como bandera del desarrollo. Quienes habían alimentado a la humanidad durante siglos, los campesinos y los indígenas, fueron acusados desde los centros de poder, de ser improductivos y atrasados, y no se justificaba que sigan ocupando tierras en el mundo rural, que debían transferirse hacia los agronegocios.

Comunidades rurales enteras han desaparecido en estas décadas, otras han resistido parcialmente, cediendo parte de sus tierras, permaneciendo en territorios reducidos. Éste es el caso de la Comunidad San Miguel, del distrito de Minga Porá, al norte del departamento de Alto Paraná.

Uno de sus primeros pobladores fue Gerónimo Arévalos, quien con unos 250 campesinos y campesinas, ocuparon en 1989 un latifundio exigiendo un pedazo de tierra. Fueron violentamente desalojados tres veces, varios imputados, pero dada su tenaz voluntad de lucha, lograron arrancar al gobierno 500 hectáreas. Hoy resisten en la comunidad unas 48 familias, entre quienes se destaca por su perseverancia y convicción la familia Arévalos, que con una enorme voluntad mantienen las formas de vida campesina en medio de los laberintos de la soja.

 

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